Harold Shipman

El asesino de la morfina

Harold Frederick “Fred” Shipman, conocido como “Fred”, nació el 14 de enero de 1946, en Nottingham (Reino Unido). Era el hijo mediano de una familia trabajadora y el favorito de su dominante madre, Vera. Ella le inculcó desde niño un sentimiento de superioridad que contaminó la mayor parte de sus futuras relaciones y que lo convirtió en un adolescente solitario con pocos amigos.

Cuando le dignosticaron a su madre un cáncer de pulmón terminal, Harold voluntariamente supervisó sus cuidados cuando ella empeoró, fascinado por el efecto positivo que la administración de morfina tenía sobre su sufrimiento, hasta que murió a causa de la enfermedad el 21 de junio de 1963. Destrozado por su muerte, Harold tomó la decisión de ir a la facultad de medicina. Dos años más tarde, fue admitido en la Leeds University, después de haber suspendido los exámenes de admisión la primera vez. Posteriormente, pasaría a hacer las prácticas en el hospital.

Era todavía un solitario cuando a la edad de 19 años conoció a la que sería su esposa, Primrose, y se casaron cuando ella tenía 17 y estaba embarazada de cinco meses de su primer hijo.

En 1974, Harold ya había tenido su segundo hijo y había empezado a trabajar en un consultorio médico en Todmorden (Yorkshire), donde, en un principio, prosperó como médico de familia, antes de que, supuestamente, se hiciera adicto al Pethidine, un analgésico. Harold falsificó recetas para grandes cantidades de este medicamento y se vio obligado a dejar la consulta cuando sus compañeros lo descubrieron en 1975. En aquel momento asistió a un programa de desintoxicación. Tras la investigación que tuvo lugar, tuvo que pagar una pequeña multa y fue condenado por falsificación.

Dos años más tarde fue aceptado en el Donneybrook Medical Centre en Hyde, donde se mostraba como un médico que trabajaba mucho y disfrutaba de la confianza de sus pacientes y sus colegas, por igual, aunque tenía fama de arrogante entre el personal de menor categoría. Permaneció en el centro durante casi dos décadas y su comportamiento no llamó especialmente la atención a los profesionales de la medicina.

El dueño de la funeraria local se dio cuenta de que un número inusualmente elevado de los pacientes del Dr. Shipman estaba falleciendo y que todos ellos habían sido encontrados en la misma postura, la mayoría estaban totalmente vestidos y aparecían normalmente sentados o reclinados en un sofá. Estaba tan preocupado que habló del tema directamente con Harold, quien le aseguró que no había nada de qué preocuparse. Más tarde, una compañera de Harold, la Dra. Susan Booth, también encontró las coincidencias alarmantes, y se alertó a la oficina del juez de instrucción local, quien a su vez se puso en contacto con la policía.

Se realizó una investigación en secreto, pero no se encontró culpable a Harold y, además, parecía que todos sus historiales estaban en orden. No se pusieron en contacto con el General Medical Council (Consejo General de Colegios Médicos) ni comprobaron el historial criminal, que hubiera ofrecido pruebas del historial previo de Harold. Más tarde, se llevó a cabo una investigación más minuciosa que reveló que Harold modificaba los historiales de sus pacientes para corroborar las causas de la muerte.

Escondido detrás de su estatus de comprensivo médico de cabecera, es casi imposible establecer, exactamente, cuándo Harold comenzó a matar a sus pacientes, o efectivamente, cuántos murieron en sus manos. Además, el hecho de que él negase todos los cargos dificultó la labor de la policía. De hecho, su lista de víctimas sólo acabó gracias a la determinación de Angela Woodruff, la hija de una de sus víctimas, que rechazó las explicaciones que le dieron sobre la muerte de su madre.

Kathleen Grundy, una activa y rica viuda de 81 años, apareció muerta el 24 de junio de 1998, después de que el Dr. Shipman la visitara en su casa. Harold comunicó a Angela que no hacía falta hacer una autopsia y Kathleen Grundy fue enterrada de acuerdo con los deseos de su hija.

Angela era abogada y siempre se había ocupado de los negocios de su madre, de modo que se sorprendió cuando descubrió que existía otro testamento en el que su madre dejaba la mayor parte de su patrimonio al Dr. Shipman. Angela estaba convencida de que el documento estaba falsificado y de que Harold había asesinado a su madre y falsificado el testamento para beneficiarse desu muerte. Alertó a la policía local y el detective superintendente Bernard Postles rápidamente llegó a la misma conclusión, después de examinar las pruebas.

El cadáver de Kathleen Grundy fue exhumado y la autopsia reveló que había muerto de una sobredosis de morfina, administrada tres horas antes de su muerte, y que coincidía con el horario de la visita del Dr. Shipman. Se realizó un registro en casa de Harold, en el que se encontraron historiales médicos, una inusual colección de joyas y una vieja máquina de escribir que resultó ser la que utilizó el médico para falsificar el testamento.

La policía se dio cuenta, gracias a los informes médicos requisados, de que el caso no se limitaría a una única muerte y se dio prioridad a las muertes que resultaría más productivo investigar, principalmente las de las víctimas que todavía no habían sido incineradas, o las que se habían producido tras una visita a domicilio del Dr. Shipman.

Harold metió prisa a las familias, en numerosas ocasiones, para que incineraran los cadáveres de sus familiares, alegando que no hacía falta realizar ningún examen más, incluso en casos en los que los familiares habían muerto de causas desconocidas para la familia hasta aquel momento. En los casos en los que los familiares hicieron preguntas, Harold facilitó informes médicos realizados al ordenador en los que se corroboraban las causas de la muerte que él había alegado.

La policía, más tarde, estableció que Harold, en la mayoría de los casos, alteraba los historiales médicos directamente después de matar al paciente, para asegurarse de que su informe coincidía con el historial. Lo que se le escapó a Harold fue que cada modificación del historial llevaría la fecha del ordenador, y esto permitió a la policía conocer con exactitud qué historiales habían sido modificados.

Se realizaron intensas investigaciones durante las cuales se exhumaron varios cadáveres y se realizaron numerosas autopsias. El 7 de septiembre de 1998, la policía acusó a Harold de 15 asesinatos y también de falsificacion.

El juicio

El juicio de Harold comenzó en la sala del tribunal de Preston Crown el 5 de octubre de 1999. Los intentos de la defensa de juzgar a Shipman en tres fases separadas, es decir, casos con pruebas físicas, casos sin pruebas y el caso de Kathleen Grundy (en el que la falsificación lo diferenciaba de los demás), además de que se aportasen pruebas irrefutables de la acumulación fraudulentade morfina y otros medicamentos, fueron desestimados y el juicio se celebró considerando los 16 casos incluidos en la acusación.

El fiscal afirmó que Harold había matado a los quince pacientes porque disfrutaba teniendo control sobre la vida y la muerte, y descartó cualquier declaración que sostenía que él había actuado así movido por la compasión, ya que ninguna de sus víctimas padecía una enfermedad terminal.

Angela Woodruff, la hija de Kathleen Grundy, se presentó como la primera testigo. Su actitud directa y su incansable determinación para llegar al fondo del asunto impresionaron al jurado, y los intentos por parte del defensor de Harold de minar su credibilidad resultaron totalmente inútiles.

A continuación, declaró el patólogo del gobierno e informó de los sobrecogedores resultados de las autopsias: la toxicidad por morfina había sido la causa de la muerte en la mayor parte de los casos.

Después, los resultados del ánalisis de las huellas del testamento falsificado demostraron que Kathleen Grundy nunca lo había entregado, y su firma fue calificada por un experto en caligrafía como una burda

falsificación.

Un analista informático de la policía testificó entonces, y declaró que Harold había modificado los historiales del ordenador para incluir síntomas que sus pacientes fallecidos nunca tuvieron y, en la mayoría de los casos, lo había hecho pocas horas después de su muerte.

A medida que el juicio avanzaba, los relatos sobre otras víctimas y los testimonios de sus familiares, hicieron evidente el patrón del comportamiento de Harold. Su falta de compasión, su desprecio hacia los deseos de los familiares que estaban presentes, y su reticencia para intentar reanimar a los pacientes, ya eran suficientemente malos. Sin embargo, otro fraude también salió a la luz: fingía llamar al servicio de urgencias delante de los familiares, entonces cancelaba la llamada cuando se descubría que el paciente estaba muerto. Los informes de la compañía telefónica mostraron que en realidad no se realizó ninguna llamada.

Por último, se presentaron pruebas de cómo se hizo con su provisión de medicamentos: extendía recetas falsas a pacientes que no las necesitaban, o recetaba un exceso de cantidad para los que sí las necesitaban. Además, se presentaron las pruebas de sus visitas al domicilio de las personas que habían fallecido más recientemente, con objeto de recoger los medicamentos no utilizados para “disponer” de ellos.

La actitud altiva de Harold durante el juicio no ayudó a su abogado a presentar a Harold como un consagrado profesional de la medicina al estilo tradicional, que siempre anteponía las necesidades de los demás a las suyas propias. A pesar de los intentos de ambos, la arrogancia de Harold y el continuo cambio en sus declaraciones cuando se le cogía en mentiras evidentes, no contribuyeron a ganarse al jurado.

Tras la meticulosa exposición del juez y la advertencia al jurado de que nadie había sido testigo de los asesinatos cometidos por Harold, el jurado quedó suficientemente convencido por los testimonios y las pruebas

presentadas y, unánimamente, declaró culpable a Harold de todos los cargos, 15 cargos por asesinato y un cargo por falsificación, en la tarde del 31 de enero de 2000.

El juez dictó sentencia: 15 condenas a cadena perpetua, además de cuatro años de prisión por falsificación, que conmutó por una condena a cadena perpetua, eliminando cualquier posibilidad de libertad

condicional. Harold fue encarcelado en la prisión de Durham.

Las consecuencias

El hecho de que un médico hubiera matado a 15 pacientes estremeció a la comunidad médica, pero esto resultó insignificante cuando, al continuar con las investigaciones, se llegó a conocer con más detalle la historia de todos los casos que había tratado.

El catedrático Richard Baker de la Universidad de Leicester llevó a cabo una auditoría clínica y examinó el número y el patrón de las muertes que tuvieron lugar durante la práctica de la medicina de Harold Shipman, y los comparó con los de otros médicos. Resultó que la tasa de muertes entre los pacientes de más edad era claramente más elevada y se producía a ciertas horas del día, y que Shipman había asistido a estos pacientes en demasiadas ocasiones. La auditoría llegaba a estimar que Harold podría haber sido el responsable de la muerte de al menos 236 pacientes durante un periodo de 24 años.

Por separado, se llevó a cabo una investigación a petición del juez del Tribunal Supremo, Dame Janet Smith, que examinó los historiales de 500 pacientes que murieron cuando estaban al cuidado de Harold. El informe de 2.000 páginas concluía que era probable que Harold hubiera asesinado a 218 pacientes, aunque esta cifra fue facilitada por Dame Janet a modo de estimación, y no se trataba de un cálculo preciso, porque algunos casos no presentaban pruebas suficientes para asegurarlo.

Más tarde, la comisión especuló que Harold podría haber sido “adicto a matar” y criticó los procedimientos de investigación policiales, alegando que la falta de experiencia de los responsables de la investigación hizo que se perdieran oportunidades para haber llevado a Shipman ante la justicia mucho antes.

Harold podría, de hecho, haber matado a su primera víctima meses después de haber obtenido su licencia para practicar la medicina: Margaret Thompson de 67 años, que murió en marzo de 1971 mientras se recuperaba de un ataque; pero las muertes anteriores a 1975 no fueron demostradas oficialmente.

Cualquiera que fuera el número exacto de muertes, la magnitud de sus actividades asesinas hicieron que pasara de ser el asesino británico de pacientes al más prolífico asesino en serie del mundo. Harold permaneció en la prisión de Durham durante todas las investigaciones, manteniendo su inocencia, y fue defendido incondicionalmente por su mujer Primrose y su familia. En junio de 2003 lo trasladaron a la prisión de Wakefield, lo que facilitó las visitas para su familia.

El 13 de enero de 2004, a las 6 de la mañana, se encontró a Harold colgado en su celda de la prisión de Wakefield. Había utilizado las sábanas de la cama y las había atado a los

barrotes de la ventana.

Permanece el misterio sobre el paradero de sus restos. Algunos creen que su cuerpo está todavía en un tanatorio de Sheffield, mientras otros creen que su familia custodia el cadáver, creyendo que podría haber sido asesinado en su celda, y desean retrasar lo más posible su entierro para poder realizar más exámenes.

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